jueves, 17 de julio de 2008

SERIE DIBUJOS/TEXTOS




Erase
que se era
un martes lleno de miedos desprolijos
entrelazados,
atragantados como ancla
en la redonda nuez de una ballena.
Rema que rema cascada arriba -el hombre-
noche arriba rema que rema.
Azul diluvio, oscuro norte.
Erase que se era una ocre mañana
apuñalada de trajines el día después,
fuera de él
ya ausente.
Erase que se era
un olvido devorador de hombre que no llegan más allá
de esos obtusos martes
llenos de miedos.

Imaginate un sur besando a un norte,
desnudos por completo y despojados
de todos sus políticos harapos,
con el permiso cómplice y celestino
de un lujurioso oriente
corriendo tras los senos de occidente
que rie a carcajadas,


El viento, sin su jaula

podría dedicarse todo el tiempo

a los cabellos,

a los pies desnudos,

a reir mientras siembra.

Imaginate las manos volando sorprendidas

sin otra dirección

que el torbellino rojo de la danza,

inaugurando cada vez

el ritual imprescindible de tocar.

jueves, 10 de julio de 2008

SERIE MÁQUINAS




juego a que los monstruos no existen...

Fabrico máquinas para hacer cosas malas y buenas
como si tales cosas fueran lo que eran:
construir y destruir universos de barro,
remontar barriletes hacia un cielo sin red,
sopesar los miedos virtuales de las pesadillas
que terminan al despertar, máquinas para
sembrar vientos como se propician las lluvias y la salud,
máquinas para buscar cosas en el aire...o máquinas que
no sirven para nada, mis preferidas!.

PINTURAS


Secos cántaros de barro hueco
-las palabras-
van llenándose ansiosas.
Una gota del quinto elemento
se desbarranca milagrosa
y cae hasta el abismo
sediento
de mi sangre vacía.
Amanece un poema rojo y amarillo.
La luna
pertrechada tras una multitud de pasiones
espía y se masturba
creciente y solitaria.

SERIE ARMAS Y AMULETOS


CAZADORES DE LUNAS
Untan sus flechas y sus cerbatanas
con el veneno rojo que les va en las venas.
Descomunales arcos y sus cuerpos
agazapados detrás de los escudos atentos
construidos en medio del ritual de siempre.
Desde sus armaduras grises
ven la luz que emana de su presa
mientras escapa
hacia la próxima noche de destierro.

Ella no aúlla, no babea,
no persigue su alimento
sembrando huellas con olor a presa,
ni marca su terreno -demasiado extenso-.
No obstante seguirán con su plan desmesurado
gladiadores de acero
que al alba
de regreso
van y sueñan con ella
ensartada en sus lanzas
sangrando la blancura plateada
por su boca creciente.
Imaginan su grito:
el último y único
alarido de piedra.
G.C.